Cuando un día llegamos a nuestro trabajo y nos citan a una reunión en la que nos dicen “gracias por tu aportación durante estos años pero lamentablemente nos vemos obligados a prescindir de ti”, acabamos de iniciar sin saberlo el proceso al que denominamos de claridad vital después de un despido.
Porque tras ese momento inicial de shock (o a veces de liberación) las preguntas empiezan a agolparse en nuestra mente; desde “¿cómo voy a pagar la hipoteca?” a ¿qué le digo a mis hijos? o la síntesis de muchas de ellas: “¿y ahora que hago con mi vida?.
El despido como punto de inflexión: ni fracaso ni oportunidad forzada.
Un despido no significa que no seamos válidos para hacer nuestro trabajo o que hayamos sido malos trabajadores. De hecho la mayoría de las reestructuraciones empresariales, tan habituales en estos tiempos, tienen que ver con motivos económicos puros y no con la competencia de los trabajadores a los que afectan. Es importante que seamos conscientes de esto y del hecho que no es algo “que sólo me está pasando a mí” para barrer ese poso cultural que aún existe en muchos de cierto estigma o vergüenza. Un despido NO es un fracaso personal.
Y tampoco tiene por qué ser una oportunidad forzada en el sentido de que tengamos que sentirnos obligados a «convertirlo en algo positivo» de inmediato como si el malestar fuera inaceptable. Porque es necesario que nos demos un espacio para sentir rabia, tristeza, frustración o miedo a la incertidumbre si es el caso, para poder liberar esas emociones antes de empezar a construir lo nuevo.
Lo que sí es un despido es un punto de inflexión en nuestras vidas: algo importante ha cambiado y, aunque a priori podamos clasificarlo como algo negativo, lo más habitual es que con el tiempo acabemos viéndolo como un aprendizaje en positivo.
Cuando el trabajo desaparece y contigo se va también tu identidad.
Muchas personas, cuando pierden su trabajo, descubren que una parte importante de su identidad estaba construida sobre él. El cargo, la empresa, la rutina… todo eso desaparece de golpe. Y entonces surge una pregunta más profunda que «¿a qué me dedico?»: ¿quién soy yo cuando no estoy trabajando?.
Y tomar consciencia de que eso siempre ha sido lo importante aunque no lo hayamos visto. Podemos trabajar en un sitio, en otro, en un puesto X o en un puesto Y porque los trabajos van y vienen pero nosotros siempre SOMOS. Y es desde ahí desde donde podemos conectar con nuestros talentos naturales, nuestras pericias entrenadas al margen de lo profesional o nuestras pasiones de siempre. Y todo eso es material valioso para construir el siguiente capítulo.
Proceso de claridad vital después de un despido: primeros pasos para recuperar claridad cuando todo se ha removido.
Un despido es una gran oportunidad para que llevemos a cabo un balance vital: a estas alturas de mi vida ¿me gusta el trabajo que hago?, ¿quiero seguir dedicándole tanto tiempo de mi día a día al trabajo?, ¿quiero volver a trabajar en el mismo tipo de organización en el que trabajaba?, ¿trabajo sólo para ganar dinero o hay algo más?, ¿quiero dedicarme a esto toda mi vida o quisiera dedicarme a algo que me conecte más con mi Ser?, ¿puedo hacerlo?
Una vez que llevamos a cabo este proceso de reflexión es importante analizar las necesidades vitales y prioridades que tenemos en el momento actual. ¿tal vez quiero dar un giro radical a mi vida y necesito dinero para sostenerlo? ¿me gusta mi trabajo y quiero encontrar uno similar pero en una empresa con la que conecte desde mi propósito? ¿en mi siguiente proyecto priorizo tiempo o retribución? ¿me gustaría seguir trabajando por cuenta ajena o prefiero emprender un proyecto propio?
Y una vez que definimos ¿qué quiero conseguir? Es el momento de establecer el ¿cómo puedo hacerlo? creando una estrategia que puede contemplar el corto, el medio y el largo plazo. Una estrategia que nos lleve a actuar desde una acción escogida y consciente. Porque hay una gran diferencia entre buscar trabajo desde el miedo (aceptando lo primero que llegue para callar la ansiedad) y buscar trabajo desde la claridad (con criterios propios, sabiendo qué queremos y qué no).
Esto no significa que podamos permitirnos el lujo de esperar indefinidamente.
Después de un despido las necesidades económicas son reales y tienen su peso.
Pero incluso dentro de las limitaciones, siempre hay margen para que seamos estratégicos: ¿qué acepto como solución a corto plazo y qué construyo en paralelo para el medio plazo? ¿qué pasos pequeños puedo dar hoy en la dirección que quiero?
El proceso de claridad vital no exige tenerlo todo resuelto antes de actuar. Exige actuar alineado con lo que vamos descubriendo sobre nosotros mismos. Y es un proceso en el que nuestras emociones jugarán un papel fundamental porque la observación consciente de éstas constituirá una gran fuente de valiosa información.







