Hay una dinámica cotidiana que las madres con hijos neurodivergentes conocen muy bien: son las 10 de la noche, has estado todo el día corriendo de un lado a otro, del trabajo al colegio, de las citas con terapeutas a la reunión con la tutora y la orientadora tratando de gestionar en paralelo y como mejor puedes las tristezas o los berrinches de tu hijo y cuando te tumbas en la cama sólo puedes sentir que estás agotada y recordar que te quedan muchas cosas por hacer. Y sin embargo no piensas en qué necesitas tú sino que el pequeño rastro de energía que te queda lo enfocas a pedir que mañana tu hijo tenga un día mejor en el colegio.
¿Te suena de algo? Si es así entenderás por qué hablar del autocuidado para madres con hijos neurodivergentes es tan importante y tan necesario.
El agotamiento invisible de las madres de niños neurodivergentes
La maternidad de un hijo con neurodivergencia es, por norma general, agotadora. Hay una serie de variables en juego que generan una carga que el entorno no suele ver: es como si una de capa de invisibilidad a lo Harry Potter la cubriera.
No se trata tan sólo de una carga material relativa a la logística del día a día (que también), sino que puede ser un auténtico hándicap a nivel mental, emocional y energético. Confrontar con un sistema educativo que no suele acompañar pero al que por obligación hay que pertenecer, sostener la interacción y resolver conflictos con otras familias que desconocen estos temas en el entorno escolar, lidiar con la búsqueda de etiquetas (¿qué le pasa a mi hijo?) apoyos o terapias para ayudarles, sobrellevar en muchas ocasiones la incomprensión o negación de nuestra familia cercana, vivir en el estrés constante, en la hipervigilancia, en un crisol de emociones intensas y en la soledad de sentir que pocas personas entienden de verdad cómo es esa cotidianeidad.
Y es ahí donde nos olvidamos de nosotras.
Cómo empezar a cuidarte sin culpa y sin grandes gestos
Es muy probable que las primeras respuestas que aparezcan en tu cabeza si alguien te sugiere que te enfoques en cuidarte sean ¿cuidarme? ¿cuándo? no tengo tiempo. Y realmente es cuando más lo necesitas.
Cuidar de una misma en este contexto no tiene que ver con pasar todo el día en un spa, ni con seguir a rajatabla rituales que alguien cuelga en internet, ni con atiborrarnos a batidos verdes porque dan mucha energía.
Tiene que ver con ser más compasiva conmigo misma, más generosa, con tratarme con más amor. Y con tener a la culpa bajo control. Esa culpa que aparece fácilmente y que es la trampa perfecta: nos impide descansar porque sentimos que no nos lo merecemos, y al no descansar funcionamos peor, lo que alimenta más culpa. Romper ese ciclo no es egoísmo. Es una decisión estratégica.
El autocuidado del que hablamos se materializa en pequeños detalles cotidianos que podemos incluir en nuestro día a día: decir no en momentos en los que podemos hacerlo, delegar en gente cercana asuntos que son delegables, quedar los viernes por la tarde a tomar un café con una amiga, retomar alguna afición que tenías antes de ser madre, darnos un tiempo para comer con calma, salir a andar un rato o acostarnos diez minutos antes.
Y buscar nuestra tribu.
Círculos grupales desde el SER
El aislamiento es uno de los mayores enemigos de nuestro bienestar en estas circunstancias y encontrar a otras madres que estén viviendo situaciones similares puede ser un recurso muy sanador y potenciador.
Los Círculos no están creados para dar soluciones: no tenemos la varita mágica que, de un día para otro, transforme nuestra realidad y la de nuestros hijos. Pero sí son encuentros en los que nos hacemos de espejo las unas a las otras y que tal vez desde ahí, desde una mirada diferente a la nuestra, podamos encontrar claves o recursos que hasta ese momento no veíamos.
Los Círculos son espacios para compartir, para escuchar, para abrazarnos desde el no juicio y la compasión. Espacios en los que no tenemos que explicar desde cero porque las demás ya comprenden, en los que nos sentimos acompañadas por el mero hecho de estar en presencia en ese momento que es para nosotras. Los Círculos están pensados para conjurar la soledad. Porque el camino compartido es más amable, más amoroso, más sanador y más luminoso.
Y un último pensamiento: cuando cuidamos de nosotras estamos enseñando algo muy valioso a nuestros hijos. Les estamos mostrando que todas las personas tenemos necesidades y que atenderlas es algo importante en la vida. Y que el amor a nosotros mismos es algo que siempre debemos recordar y cultivar.







