Señales para cambiar de trabajo.
Llega el final del verano y con él se acaban las vacaciones: ya estamos en septiembre y de repente nuestra vida se vuelve a acelerar. Volver al trabajo, madrugar, llevar corriendo a los niños al colegio … y vuelta a la rutina de nuevo.
Es normal que las dos primeras semanas se nos hagan cuesta arriba y nos apetezca poco o nada retomar nuestra rutina laboral. Es el llamado síndrome postvacacional: un proceso pasajero de adaptación que puede conllevar síntomas físicos y emocionales como el cansancio general, la falta de concentración, la apatía o el mal dormir.
Pero ¿y si pasadas esas semanas iniciales seguimos sintiendo ese malestar? Si pasado ese tiempo el malestar sigue ahí, si las señales que hemos visto siguen apareciendo una y otra vez, entonces probablemente no se trate de un bajón pasajero, sino de algo que llevamos tiempo necesitando escuchar.
Cuando el cuerpo sabe antes que la mente: señales físicas y emocionales de agotamiento profesional.
Según la neurociencia nuestra mente está programada para resistirse al cambio porque el cerebro está diseñado para priorizar la supervivencia, la predictibilidad y el ahorro de energía por encima del desarrollo personal.
Por este motivo, aunque muchas veces sepamos en lo más profundo de nosotros que ya es hora de cambiar de trabajo nuestra mente acude al autoengaño a modo de protección: más vale malo conocido que bueno por conocer, que dirían algunos.
Sin embargo, nuestro cuerpo es el verso libre de esta historia. Se manifiesta sí o sí y aunque no nos hayan educado para escucharlo, su voz es inequívoca y tozuda si necesitamos un cambio profesional en nuestra vida.
Las señales físicas más habituales comprenden desde el cansancio extremo, a los dolores reiterados de cabeza o de espalda, las molestias intestinales, el insomnio o el estar constantemente enfermo.
Y en lo referido a nuestras emociones la ansiedad, el mal humor, o la sensación de vacío y de no saber qué estamos haciendo con nuestras vidas suelen ser las más redundantes.
Por lo tanto, si cuando pensamos en nuestro trabajo, si cuando volvemos de vacaciones o si los domingos sentimos de forma recurrente algunas de estas señales es nuestro cuerpo el que nos está brindando una información muy valiosa: necesitamos un cambio.
Septiembre y el efecto ‘año nuevo laboral’: por qué este mes activa el deseo de cambio
Si te ha pasado, no eres el único. Septiembre es, año tras año, uno de los meses en los que más gente empieza a buscar trabajo en serio. Y no es casualidad. Aunque hayan pasado décadas desde que dejamos el colegio, septiembre sigue activando esa sensación de «curso nuevo, vida nueva». Es un reinicio simbólico, como el 1 de enero pero sin resacas ni propósitos imposibles de cumplir.
A eso se le suma algo muy simple: las vacaciones nos dan perspectiva. Cuando estamos metidos en la rutina día tras día, es difícil ver el bosque. Pero unos días desconectados, sin reuniones ni mails, nos permiten mirar nuestro trabajo desde fuera. Y a veces lo que vemos no nos gusta tanto como creíamos o nos genera una desazón ya conocida.
Por eso ese domingo antes de volver a la oficina se convierte en un termómetro bastante fiable. Si sientes una angustia que no cuadra con «es solo que no quiero madrugar», puede que tu cuerpo te esté diciendo algo que llevas tiempo posponiendo escuchar.
Cambiar de trabajo es una decisión grande y no hay que tomarla desde la impulsividad, pero tampoco hay que ignorar lo que el cuerpo y la mente llevan meses intentando decirnos y septiembre, con su energía de reinicio, es simplemente el momento en que por fin muchos nos paramos a escucharlo.
Acompañamiento Consciente en la transición profesional: no tienes que resolverlo solo.
Tomar consciencia de nuestra necesidad de un cambio profesional no significa tirarnos sin más a una piscina sin agua. Ante el vértigo que el propio concepto de cambio nos genera al inicio es bueno tener en cuenta que:
- Es un proceso en el que la reflexión sobre quiénes somos y cómo queremos vivir es nuclear.
- Se trata de diseñar una decisión que sea sostenida, con sentido y realmente nuestra, no impulsiva ni tomada desde el miedo.
- Los protagonistas del cambio somos nosotros: controlamos los tiempos.
- El sostén económico de este proceso puede seguir activo a través del trabajo que tenemos actualmente.
El Acompañamiento Consciente no consiste en decirle a otro qué trabajo elegir, ni en darle una fórmula genérica de «encuentra tu pasión». Consiste en ayudarle a parar, a escuchar lo que su cuerpo y su mente llevan tiempo diciéndole, y a poner en orden todo eso que hoy es solo ruido y ansiedad para reenfocar hacia una vida laboral más plena y feliz.










