Hay veces que habitar la propia piel se hace extraño. Sientes que hay algo en ti que pide cambio, movimiento, pero no sabes hacia dónde, solo un sentir extraño, un “algo” interno difícil de describir y una incomodidad a la que es difícil ponerle palabras.
Entonces parece que todo empieza a desencajar, las relaciones, el trabajo la vida entera se vuelve un lugar extraño en el que en realidad, eres tu la que empiezas a sentir que no encajas.
Nada malo ocurre, es el inicio del camino
Somos mucho más de lo que pensamos que somos, y cuando ese “más” empieza a generar esos movimientos internos moverse ya no es una opción, es una necesidad que desafia tu propia estructura de vida.
Existe en nosotros un pulso interno, algo profundo que nos llama y la mayoría de las veces no sabemos hacia dónde. Es entonces cuando empieza un camino que a menudo nos lleva a explorar un montón de recursos externos, terapias, métodos, actividades, cursos, lo que nos permite ampliar nuestra estructura mental. Todo está bien porque en realidad somos el camino haciéndose y explorándose a sí mismo. Pero la verdad es que las pistas a seguir son las que están escritas dentro de nosotros, encontramos las claves del proceso en la propia mirada interior.
Seguir mi propio mapa
El desafío del mundo actual es volver a encontrar nuestro centro entre la inmensidad del ruido exterior. La intensidad externa está subiendo y seguirá haciéndolo. La llamada interior, ese pulso que suena más fuerte en nosotros cada vez, es aquel que nos llama a lograr nuestro propio equilibrio y desde ahí seguir caminando hacia un nuevo estado de Ser más conectado con la paz.
Desde nuestra mente tendemos a complejizar las cosas. El Ego no puede aceptar que el camino sea fácil, pero las claves están escritas en el Ser. Y cuando escucho a mi parte profunda, esa voz interior, ese sentir, estoy empezando a permitir que guie mi camino.
Debemos conocer que en nuestro cuerpo emocional-mental existen un montón de patrones inconscientes a los que estamos ligados, establecidos por el momento histórico, el entorno cultural y familiar en el que nos hemos criado y nuestra propia experiencia vital. Todo ello estructura nuestra personalidad, nuestra estructura del EGO, lo que creemos que nos define y nos da identidad. Las claves del camino están en empezar a mirar toda esa estructura desde otro lugar más profundo y atreverse a “desmontarla”.
El camino puede parecer aterrador ya que si empiezo a no saber quién soy estaré perdido y en realidad eso también forma parte del camino, pero la recompensa bien vale la pena.
¿Quién soy realmente?
Los patrones inconscientes que nos “definen” nos llevan a reaccionar siempre de la misma manera, a entender el mundo de una única manera y esa seguridad que nos ofrecen es en realidad nuestra propia cárcel.
El camino empieza por la propia observación de los patrones mentales y emocionales que nos estructuran y aprender a dejarlos ir cuando aparezcan. Cuando lo hacemos desde la intención genuina, vamos siendo guiados por la magia que aparece en el propio camino, porque algo mayor que nosotros se alinea para que lo logremos.
El camino hacia la libertad del Ser es ser capaz de “desmontarnos” a nosotros mismos para permitirnos una versión más ligera, luminosa y auténtica.
Debemos aprender a confiar en nuestra intuición, a escuchar la sabiduría del alma que es en realidad la que quiere manifestarse, soltar las propias expectativas del proceso, mantener siempre una observación consciente, identificar cuando nos hacemos “trampas al solitario” y reírnos de nosotros mismos. Esos son elementos fundamentales de cualquier proceso interior.
Poder ir de la mano de personas que en consciencia siguen haciendo el camino y con los que poder compartir las “locuras” de lo que va apareciendo nos hace el camino más cálido y amoroso. La magia del propio camino se despliega ante nosotros para que mantengamos el corazón abierto y desde ese lugar poder seguir andando.



